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Delante, la encrucijada

En alguna etapa de nuestro desarrollo evolutivo, en el tránsito del homínido al hombre, nuestra especie consolida la capacidad de abstracción y significación, es decir, el pensamiento y el lenguaje. Un primer constructo de esa capacidad es la conciencia. Y con ella emerge también el extrañamiento. Se da inicio así a la búsqueda de sentido en el ser humano. Y esta búsqueda encuentra una expresión material importante en el desarrollo de saberes. De esta forma, el ser humano se topa con la técnica, el mito, el arte, la religión, la sabiduría, la política, la ciencia y la tecnología. A pesar de ello, para los humanos todavía permanece adelante su encrucijada: abismar su extrañamiento ensimismándose o descifrarlo reintegrándose.

Tan sólo distintivamente humanos

Con la noción de pensamiento y lenguaje aludimos a aquello que nos hace específicamente humanos. No superiores. Tan sólo distintivamente humanos. Ver el mundo, nombrar el mundo, pensar el mundo y actuar en él constituyen detonadores fundamentales de aquella pequeñísima parte de la vida planetaria que comúnmente llamamos historia humana.

Al alba

Señora de la Vida, doy gracias por el descanso de la noche y porque ha llegado un nuevo día. Y ahora, Señora, me es necesario vivir este día con fortaleza y esperanza, con alegría y sencillez, con hermandad y libertad, con sabiduría y curiosidad, con iniciativa y creatividad, y con sinceridad. Y anhelo que al terminar la jornada de este día haya yo aprendido y sepa agradecer, Señora y Amiga de la Vida. En memoria de Jesús de Nazaret, amén.

Nocturno de año nuevo

Señora de la Vida, ante Ti hago mis votos por los caminos que debamos transitar. Que nuestra mirada se mantenga hacia adelante. Que no abandonemos la marcha. Que nuestras fuerzas se renueven en el momento oportuno. Que la esperanza resista cuando sobrevenga la frustración. Que sepamos levantarnos al caernos. Que nos abriguemos de valor ante el temor. Que encontremos sabiduría para recorrer la duda y lo desconocido. Que no perdamos el afecto y la sensibilidad por las cicatrices de la brega. Y que al final seamos distintos y hayamos cambiado por haber recorrido los caminos necesarios sin negarnos a nosotros mismos y sin dejar de encontrarnos con los otros. En memoria de Jesús de Nazaret, amén.

In memóriam

Marcos Raúl García Cordero 29 de marzo de 2003-27 de abril de 2003.